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Vino Argentino.

Hace veinte años, el vino argentino comenzaba a sorprender al mundo. No solo por la singularidad de sus tintos, sino también porque pocos imaginaban que en Sudamérica se elaboraban vinos de tal calidad.

Esta historia que tuvo un claro protagonista: el Malbec, cepa del sudeste francés que arribó a suelo argentino en 1853 para convertirse en mascarón de proa de su vitivinicultura.

De la mano de esta cepa, a partir de la década de 1990, el país que vio nacer a Lionel Messi conquistó algunos de los mercados más importantes para el negocio del vino. Primero Estados Unidos, luego Canadá y más tarde el Reino Unido, mientras que en Latinoamérica no tardó en ser favorito.

Hoy, con una enología más refinada, una clara apuesta por sus diferentes terroirs y haciendo gala de una diversidad, fruto de más de 400 años de historia vitícola, los vinos argentinos ganan popularidad en los principales países vitícolas como Francia, Italia y España, plazas donde aún poco se sabe de ellos. Por esto mismo, merece la pena repasar algunos aspectos clave de la vitivinicultura argentina.

A diferencia de la mayoría de los países vitivinícolas del Nuevo Mundo, Argentina siempre tuvo una vínculo fuerte con el vino. Como consecuencia de las sucesivas oleadas de inmigrantes, su cultura adoptó el consumo del vino al punto que hoy es la Bebida Nacional Argentina. Su consumo, que supo marcar récords per cápita a mediados del siglo XX, hoy se estima en los 24 litros anuales por habitante. Es decir, que en Argentina se consume aproximadamente el 70% del vino elaborado siendo la exportación un hábito de los últimos 20 años.